Antes de ponerme a hablar de lo que viví en Punta de Vacas reconozco que tengo que saltar por encima de algunos preconceptos muy claros. Por un lado está el tema del aprendizaje. Estamos acostumbrados a que se aprende estudiando, alguien nos comunica una serie de conceptos y uno los toma como propios. Pero suele ser algo “externo”, que no se explica desde la experiencia vital, sino desde el conocimiento adquirido. Y cambia mucho el alcance de aquello que se enseña, cuando nace de la propia experiencia y busca el eco en la conmoción de la caída en cuenta. Uno va aprendiendo, incluso sin darse cuenta, en la medida que va sintiendo nuevas sensaciones y va aclarándose con respecto a aquello que le pasa. Yo lo bauticé como gimnasia del espíritu.
La otra cuestión a tratar es la mística. Pienso inmediatamente en la gente que viaja para participar de eventos (conciertos, partidos de fútbol, mítines políticos). Sin duda podemos pensar en fanáticos, gente que deja colgadas sus cosas para no perderse estos eventos que pasan por ser lo más importante en su vida. Bien, es poco lógico que algo secundario como un equipo de fútbol o un partido político o una banda de música pueda ser lo más importante en tu vida, pero y si lo es. Yo puedo entender este fenómeno desde el punto de vista de la mística. Suceden cosas muy fuertes en cualquiera de estos ámbitos, el sentimiento de pertenencia, de complicidad, de gente que tira del mismo barco es muy fuerte. Es un sentimiento sagrado y me olvidaba del que puede dejar todo de lado para hacer una peregrinación, puede ser cristiana, musulmana, budista, de cualquier religión. El camino místico de la peregrinación se hace...
A todo ese bagaje de gustos y encuentros de cualquier viaje o peregrinación podemos también verlos desde el punto de vista de a qué nos juntamos. No es lo mismo una convención del Klu Klux Klan o de nazis en el bosque que un grupo de gente que se manifiesta reclamando algo justo o proponiéndose dar respuesta a una problemática equis. Sin embargo unos y otros viven la misma mística, con diferente carga, pero se vive con idéntica pasión y gusto.
Lo hablaba en Punta de Vacas con algunos amigos, la fuerza que da el mismo fin, el mismo interés, la energía de la comunión que se puede dar en todos esos ámbitos: fútbol, manifestaciones, conciertos, etc... es poderosa y se quiere repetir. Pero nosotros lo que estábamos compartiendo era la paz, estábamos allí 10.000 personas buscando sentirnos en paz y comunicándonos desde esa paz, no desde la emoción desbocada de la fuerza de la unión. Nuestra mística se estaba trasmutando en algo poderoso de paz. Y eso ya no lo veo tan claro en otros eventos, en otros grupos. Era algo muy nuevo. Quizás podíamos buscar antecedentes en Gandhi u otras manifestaciones desde la paz. Pero sin duda era algo nuevo para mí, era trasladar, multiplicar ese goce de la paz a potenciarlo con 10.000 personas más que están en la misma sintonía y dirección.
Buscando la emoción del silencio, buscando la inspiración, esperando imágenes que pudieran responder a las urgencias personales del momento. ¿Cómo cuándo se va a una iglesia? Puede ser, pero en vez de esperar que algo suceda externamente, el camino era hacia dentro. Era buscar en el propio ser, en la interioridad más profunda aquello que se tiene olvidado o simplemente anestesiado.
Yo esto lo viví claramente. Muchas de las cosas que vi, que me emocionaron profundamente, cosas que pensé, que pude compartir con otros tenían una carga en mí. Las llevaba conmigo esas imágenes, pero cargadas de dudas. Todo en mi vida eran dudas, miedos. Me rebelo y lucho contra ellos, pero tiñen todo lo que haga, uno no actúa con la misma convicción si duda. Puedo estar seguro de que hago lo correcto y lo hago, pero ¿y si la forma no es la correcta y si el otro no entiende nada? Cuando te planteas esto sistemáticamente, todas tus convicciones se sostienen en el aire, vives en una especie de limbo existencial, con una especie de moral interrogativa. Pues en Mendoza gané en certidumbre, en sentir que lo que estoy haciendo o que lo que quiero hacer es valioso y necesario y eso le da otro empuje y otra dimensión a mis actos.
Ayer lo comentaba con otra persona que también había hecho el viaje conmigo y veíamos que no nos sirven más las excusas que nos podíamos poner en el pasado para no hacer, para frenarnos. Ya no tenían sentido. No podíamos seguir auto engañándonos.
Y así se entra en un tema de discusión más profunda en el que no voy a entrar, pero sí sólo lanzaré una pregunta: ¿El estar más consciente de lo que pasa en el mundo te pone en una obligación moral para con la especie o para con uno mismo, al menos?
Silo había sugerido llegar a Punta de Vacas con la mente abierta y con el tema de la reconciliación trabajado. Así que los diferentes grupos que iban a viajar se pusieron manos a la obra y crearon diferentes talleres y trabajos personales para reforzar esos dos temas. La mente abierta no quedaba muy claro qué era, era algo tan íntimo que cada cual podía entenderlo y llevarlo a la práctica a su manera. Creo que no vimos la verdadera apertura hasta esos días. Con respecto a la reconciliación. Bueno, eso ya era más complejo... Hicimos repasos de causas pendientes, estudiamos los errores y fracasos del pasado, intentamos perdonar y perdonarnos. Hicimos un esfuerzo para ponernos en el lugar del otro e intentar comprender así sus acciones. Hicimos poesías, dibujamos, en la memoria aparecieron esos niños que se burlaron de nosotros, esos novios abusones, los padres, siempre los padres... Removimos una linda mierda. Pero no sé hasta qué punto nos reconciliamos. Era un grandísimo primer paso, sin duda.
En ese ambiente estábamos todos los que llegamos a Punta de Vacas y se notaba. Cada uno de nosotros conmovido por su propia vida y los cambios que estaba queriendo edificar en ella y cada uno conmovido por una causa común que nos hacía dar un salto de calidad a nuestras vidas. Por muy zoquete que uno pudiera ser, se estaba arriba de un barco que avanzaba hacia el luminoso centro y se estaba arropado y protegido por tanta paz y tantos sueños.
Había que dejarse llevar por los sueños, son nuestros sueños los que nos chupan, los que nos lanzan a la acción. Es el deseo lo que mueve nuestra existencia. Y un deseo individual me pone en dinámica, pero la potencia de un deseo conjunto y que además no termina sólo en ese conjunto, sino que es abarcativo al resto del planeta, tira más que nada que conozca. Así que ese sueño de crear una nación humana universal, donde no haya nada por encima del ser humano, donde se respeten las creencias y pensamientos de todos y cada uno, donde seamos todos iguales y nadie esté por encima del otro, donde las comunicaciones sean no violentas y barramos con los sexismos. Ese sueño que nos pertenece a todos y no todos nos hacemos cargo de llevarlo a la práctica fue mi inspiración. Lo que hizo sentirme renovado en mi fe y en la validez de mi esfuerzo.
¿Pero qué pasó con la reconciliación?
Silo nos regaló un manual, nos contó cómo convenía ubicarse para poder reconciliarse con uno mismo y con los demás. Sus palabras llegaron suavemente, pero con mucha fuerza ganaban espacio dentro mío. Toda la confusión y revoltijo interior que llevaba, se iban desenlazando y redistribuyendo mientras pensaba en lo que el tipo dijo. Esto no me pasó sólo a mí, creo que se iba distribuyendo entre todos como una corriente eléctrica e iba descubriendo en las miradas, en las manos sueltas que algo muy grande estaba pasando entre nosotros.
No quiero extenderme más, creo que ya tuvisteis bastante. Podemos seguirla y puedo contarles unas cuantas cosas más, no sólo del viaje, sino de las transformaciones que he sentido internamente y he comprobado en otros.
Mando un abrazo extenso, como la carta a cada uno.
Los quiero mucho, si no ¿para qué tanto relato?
Xiao
Mariano Quiroga, mayo 2007
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