Ok, vamos a intentar ir por partes. Quería compartir vivencias de Attigliano con todos aquellos que no estuvieron y también con todos aquellos con los que aún no he podido intercambiar lo suficiente.
Todo empieza en Roma, cuando cenando con Anne, Isa et Jean y Alessia, fuimos intercambiando sobre lo que había significado para cada uno el viaje y lo que habíamos vivido esos días en Attigliano. Por cuestiones de forma, la pregunta fue formulada apenas nos sentamos y no pudo ser contestada hasta que habíamos pagado. La respuesta ya no era espontánea e intentando resumir un cúmulo de sensaciones sino que fue algo medianamente meditado y que cada vez que decía algo surgía algo nuevo. Iba comprendiendo, entonces, que era mucho lo que había vivido esos dos días en Attigliano. Y que quizás no lo había tenido muy en cuenta por una singularidad: es todo muy suave. Sutil, leve, silencioso. Pero opera internamente de una forma tumultuosa, explosiva.
Por eso creo que es muy importante compartirlo con ustedes. No quiero hacer un borrador para luego efectuar correcciones, ni revisiones. Al menos no estilísticas. Quiero hacer esto con cierta urgencia, para captar el momento, no dejar que se escape esta suerte de lucidez, de inspiración.
Llegué a Attigliano sin expectativas. Llegué a Attigliano con algunas ilusiones, pero no demasiado concretas. Pero no tenía expectativas claras. Luego de Punta de Vacas descubrí como el Movimiento, mejor dicho, la doctrina, las enseñanzas de Silo iban referenciando con mayor claridad y fuerza. Y en una dirección que me resonaba ampliamente. Sentía que él estaba haciendo hincapié en las cosas que para mí eran necesarias e imprescindibles.
Pero también veía o creía percibir una repetición autómata de sus palabras. No se llegaba a captar la esencia. O quizás, era una cuestión de que a pesar de entenderlo no éramos capaces de aplicarlo.
Veía a la gente del Mensaje y del Movimiento decir lo que a mí me parecía correcto, pero sin encaje, o mejor dicho, sin demostrarlo en la acción.
Reconozco que mi paisaje de Punta está teñido de una gran decepción con el Movimiento, representado en la gente cercana, en el ámbito territorial y afectivo. Decepción no de dirección, si no de formas.
Pero en Punta pasaron dos cosas muy grandes (pasaron más, seguro) se gestó Nuevas Generaciones, donde vi un nuevo impulso para la doctrina siloísta. La otra fue mi entera seguridad de estar en la dirección adecuada. Que el Movimiento iba a direccionar las mejores aspiraciones de la raza humana. Y que yo no estaba especialmente equivocado en mis pensamientos, reflexiones y sobre todo en mi acción.
Tuve un buen tiempo para ir reflexionando sobre eso e ir implementando las mejores reformas a mi vida. En ese grandísimo crecimiento tiene mucho que ver el hecho de haber conocido a Anne. Que le ha dado una nueva dimensión a mi vida. Desde el punto de vista existencial, del hecho de compartir, del hecho de continuarme en el futuro a través de los hijos y de una acción de mayor envergadura.
No eran cosas que no pensara o no quisiera antes, pero hasta encontrarla no había tenido una cómplice de sueños, de planes, de proyecto humanista compartido. Nunca me había sentido querido de esta manera y nunca me había dado la posibilidad de amar de este modo. Así que mi apertura desde el amor es toda una revolución para mí. Y creo que casi todos los que váis a leer esto podéis sacar vuestras propias conclusiones al respecto.
En enero, en nuestra reunión semestral del consejo 70. Orientados por Susana y Claudia hicimos un trabajito muy adecuado. Una revisión de nuestro pasado. De nuestro pasado referido al Movimiento. Un intento de reconcialiación, pero sobre todo un intento de comprender el momento actual y ver las diferencias con esos ensueños que llevamos grabados desde que entramos al Movimiento.
A esto le añado la anécdota de Silo de la charla en Attigliano donde chicas de 18 años le decían que en el Movimiento faltaban mujeres y jóvenes. Para mí eso es una prueba clarísima del anacronismo de nuestras orientaciones.
Pero ya en enero empecé a vislumbrar nuevos aires, nuevas inspiraciones. Sólo era un puntapié inicial. A mí me resultaba gracioso que llevaba teniendo las mismas imágenes y proyecto desde hacía casi 20 años. Pero el tema es que ahora empieza a ser algo tangible, algo edificable, algo con sentido. Algo que los demás pueden apoyar porque son capaces de verlo. Antes todo era nebuloso, onírico, intemporal.
Fue muy bueno para mí ese trabajo, me permitió ver que no puse toda la carne en el asador para defender mis ideas y proyectos por miedo. Un gran y profundo miedo al rechazo. A dejar de ser tenido en cuenta. Todo era un círculo vicioso, el miedo a expresarme fomentaba el hecho de que no me tuvieran en cuenta. Así que ver eso terminó de perfilar mi situación.
Vinieron los meses de traslado a París, de armar el proyecto económico de subsistencia y de ir preparando una imagen para actuar con el Movimiento. Se empezaba a clarificar la forma de acción.
Me aferré a la idea de la acción en la calle. Le fuimos dando forma en conjunto a ser nosotros una señal para el mundo. Le Signal du non violence, de la esperanza en un mundo mejor que es posible, que empieza a ser tangible en pequeños gestos. Hay que perfeccionar todavía esta nueva incursión, pero estamos avanzando con ese tema, siempre avanzando. Esa inercia de avance no se ha detenido desde PDV, creo que de antes incluso, pero desde PDV ha sido definitivamente clara la sensación de avance concreto.
Así llegamos a Attigliano sin una imagen clara de lo que buscaba. Pero sí de ir encontrándome.
Y me encontré. Me encontré a gusto con mucha gente. Me encontré expresándome sin miedo y con mucha fuerza. Me encontré abierto y receptivo. Me encontré disponible para el amor y el cariño.
No es poco.
Y ya en Roma, cuando fuimos a buscar al aeropuerto a Guillermo y Paola, el encuentro con los "Maestros" fue un presagio. La dulzura y la cordialidad con la que se relacionaron con nosotros. Un simple abrazo y una presentación, no hubo más. Pero se percibía una diferencia, un trato nuevo. Llano, profundo, sin diferenciar. Fue hermoso, sencillo, corto, intenso, suave y hermoso.
Ese día habíamos estado ayudando en pequeñas tareas de última hora en el Parque. La misma sensación de pertenencia que vivimos en Punta. Es nuestro Parque, no sólo porque lo financiamos, lo visitamos, sino porque lo trabajamos. Es un pequeño hecho que redimensiona lo que uno vive.
Y vino el sábado 3. Donde comencé a ver lo que soñé durante años. Una capitulación de los viejos carcamanes y la aparición de los nuevos alientos. Sé que lo que digo es mucho más expresivo que lo realmente visto o vivido. Todavía no se ha dado por completo ese cambio, ni ese desplazamiento del pasado para que entre el futuro arrebatador. Pero está la simiente, la semilla de esa transformación profunda. Todo apunta en esa dirección.
Pude platicar sobre una idea que vengo dándole vueltas desde hace tiempo. Y fue muy bien acogida, de hecho hubo cierta premura en la gente con la que hablé. Hay necesidad de ese material que estoy preparando. Excelente. Reconfortante y vitalizador. Se viene el librito.
Llegó el momento de los portavoces. Fue un alivio escucharlos. Fue un alivio ver la cercanía de puntos de vista, ver que estoy sintonizado, que puedo formar parte de este proyecto increíble que es construir la Nación Humana Universal. Y claro, ver a Jan Tamas o a Fabrizio, el concejal de Palermo. Nuevos interlocutores, nuevos referentes. Nuevos, no porque sean jóvenes, sino porque tienen una claridad, una disposición y un tono que son nuevos. Del cual se carecía en el Movimiento. Demasiado uniforme. Se viene la verdadera diversidad. A través de ellos, de sus respuestas, pude reconciliarme profundamente con el Movimiento.
Es un poco puto por mi parte, pero ahora siento que el Movimiento es a mi gusto.
A todo esto Silo dando vueltas por todos lados. Muy atento, muy paciente, muy cálido. Un placer verlo estar tan a gusto, tan tranquilo. Con el tiempo de poder saludar a todos, de hablar con los que lo requerían. Una apertura impresionante. De esto caigo en cuenta ahora mismo, mientras lo escribo.
Fue deslumbrante ver el apoyo, la forma en que fuimos recibidos y tratados en Attigliano. Por sus lugareños, por sus representantes locales. Como abrieron sus puertas a los humanistas. Esto es un logro magnífico, soberbio, creo yo. Un gobierno (de pueblo, pero gobierno al fin) se dio la posibilidad de abrirse sin miedo a los humanistas. Y le salió muy bien. Nadie rompió nada, todo se hizo con mucho mimo y cuidado. Sin estridencias. Y nosotros pudimos hacer en la Plaza del Pueblo lo mismo que íbamos a hacer en el Parque. No teníamos nada que esconder. Al contrario, fue una forma de integrar a toda la comunidad a nuestra fiesta. Ellos nos atendieron de la mejor manera posible. Y nosotros les expusimos sin esconder nada lo que éramos, lo que habíamos ido a hacer, lo que queríamos para el mundo.
Presentando el libro del Mensaje en la Municipalidad, con altavoces que reproducían fuera lo que pasaba dentro. Con el encuentro de los Portavoces al aire libre, en un anfiteatro Romano alucinante. Rajados por el sol, pero nadie se quejó, nadie sintió malestar. Un éxito rotundo de la organización.
Durante la cena organizada por el Alcalde y los restauradores locales tuvimos la oportunidad de conocernos, humanistas llegados de diferentes lugares y compartiendo una mesa, una botella de vino, sentir el encaje de estar allí para compartir un momento histórico. Para mí era también una suerte de despedida de soltero, así que aprovechaba de invitar a mucha gente a la ceremonia que tendría lugar al día siguiente.
El momento histórico llegó el domingo. La inauguración del Parque Attigliano y la inauguración del matrimonio entre Anne y yo.
Durante el día y bajo un sol abrasador pudimos disfrutar de las diferentes ceremonias de inauguración. En la Sala no estuve, pero sí estuve el viernes en la primera ceremonia que se hacía dentro desde que estaba terminada. Yo estuve en su verdadera inauguración. Cuando pedimos para que Ruggiero, que estaba siendo operado en ese mismo momento tuviera una recuperación veloz y la operación fuera un exitazo. Una hermosa ceremonia de bienestar silenciosa y emocionante.
Estuve muy cerca de Silo mientras inaugurábamos la Sala Polivalente. Y esto lo digo porque fue lindo compartir en paridad con él, este acto. Con total soltura. Seguían pasando cosas integradoras. Era muy bello todo.
Llegó el momento de buscar reparo del sol, en la sombra, apretados. Muchos que no nos conocíamos, pero que no teníamos problema en compartir un pedazo de tela a la sombra y comentar las cosas vividas.
El hecho de relatar en forma de crónica me permite no olvidarme de nada importante. Tampoco describo todo, para no aburrir.
En esos momentos me encuentro con Gaby y PierreYan, quienes me proponen de hacer junto a nosotros la ceremonia de matrimonio. Claro que sí, es un regalo poder compartirla con ellos. Sin duda fue un hecho también integrador hacer la ceremonia con Gaby, que viene de mi pasado más lejano del Movimiento. Del mismo consejo en Buenos Aires, muchos años atrás. Todo calzaba tan bien, era inverosímil.
De la ceremonia podría escribir tantas cosas. Quiero quedarme con pequeños destellos increíblemente bellos y premonitorios para mí. La participación de mi abuela Alicia como oficiante, fue maravillosa. Por su fuerza, por su luminosidad, por su intensidad y su emoción. Sin duda ver detrás de ella a mi madre, era un hecho bien fuerte. Hablé ya del tema de lo que significaba para mí estar con Gaby y Pierre-Yan, pero había mucho más. El tono de ellos, su solicitud, su fortaleza, son dos personajes entrañables y hermosos. Creo que si hubiera tenido que elegir de entre todos los participantes con quienes hacer la ceremonia los hubiera elegido a ellos. Pero no fue así, fueron ellos los que nos eligieron a nosotros. Sin palabras.
Mucha gente llegó tarde a la ceremonia, no pudieron escuchar los testimonios. Sólo pudieron compartir el calor, la excitación, la hermosa y suave emoción que nos embargaba a todos. Un abrazo, una felicitación, un regalo. Muchos agradecimientos. A todos. Una especial para Irene y la ceremonia que nos regaló en Cabrera de Mar.
Yo en ese momento comprendí que era muy querido. Por gente de diferentes edades, de diferentes nacionalidades, que me conocían de formas muy diversas. Pero todos me querían, por algún motivo, cada uno sabrá cuál es. Lo mío era descubrir que podía ser querido. Así que implementé el "Déjate querer" de una manera fuerte y expansiva. Porque además, yo estaba queriendo profundamente a cada una de esas personas. Sin ningún condicionamiento del pasado. Fue un momento voluptuoso. De verdadera reconciliación interna. Con los que abracé y con los que no abracé también. Era extensivo a muchos más que los que estaban presentes, que no eran pocos.
Bueno, lo que sentí, siento y sentimos con Anne lo dejo para nosotros, sólo decir que hacer esa ceremonia fue algo liberador. Esplendoroso. Ilunimador de nuestros futuros, potenciador de imágenes. A ella no hay manera de agradecerle tantas cosas.
A partir de ahí, todo era tan fácil. La vida se hace tan fácil.
El encuentro con unos chicos de Nuevas Generaciones encantados de conocer a Mariano Quiroga, de quién habían leído cosas y no sabían quién era. No tuve tiempo de preguntar las posibles concordancias que podíamos tener. Se hará la próxima.
Realmente no sé si llegué a decir todo, pero me doy cuenta que 5 páginas son muchas páginas y si quiero que alguien me responda debo terminar esto aquí. Para que la extenuación no sea tanta como para no poder escribir dos líneas refiriéndose a este relato que tiene la fundamental intención de decir a todos los que quiero, que los quiero veramente. Y que aunque algunos no hayan estado presentes de cuerpo, sí estuvieron iluminando estos momentos maravillosos.
Gracias muchas a todos.
PD: cuando terminábamos de saludarnos y abrazarnos después de la ceremonia de Matrimonio. Paquita me dijo: "No llegué a tiempo, pero por lo menos te traje mi regalo". Y seguí su dedo hacia mi espalda, donde se erigía un multicolor Arco Iris. No un arcoiris convencional, este era leve, pequeño, más bien con forma de Monolito. Pero en medio de la sequedad climática de ese día, sin nubes siquiera, la aparición de ese monolito arcoiris fue un espejismo de muchos. Una señal que no termino de descifrar. Ni falta que hace.
Mariano Quiroga