lunes, 11 de febrero de 2008

Agradecimiento

Hola amigos, hace ya casi un año fui operado de mis intestinos, hasta ahora no había hablado abiertamente de esa experiencia salvo con unos poquísimos amigos y personalmente, ahora y luego de integrar experiencias, sigo el consejo de mi corazón y les cuento algunas cosas significativas de aquellos días, tal vez a alguien le sirva leerlo.

En aquel momento todo pintaba como que me iba a quedar una semana internado y luego me iba a casa a terminar de recuperarme. Las cosas fueron de otro modo, la sutura en el intestino se abrió, me reoperaron al día siguiente con un pronóstico de sobrevida de un escaso 15%. Cuando entré al quirófano me quedaban como mucho dos horas de vida y la operación duraría bastante más que eso, de más está decir que ya no creo en estadísticas.

Salí adelante, no fue fácil ni breve como me pronosticaron antes de la primera operación. En resumen, 12 días en coma con respirador, casi dos meses de internación en terapia intensiva. Más allá de lo anecdótico de todo esto, que aún no termina puesto que me faltan dos operaciones más, quería contarles algunas cosas que me parecen importantes y que tal vez sean de utilidad para otros.

Poco antes de despertar del coma me encontraba “soñando” con que dormía en mi casa y me despierta un llamado telefónico, era mi madre, la saludo y me cuenta en un lenguaje muy afectuoso (como quien le habla a un niño pequeño) que me habían operado, que las cosas se habían complicado, etc., me dice que ahora ya estoy bien y que si quiero me puedo despertar. Luego de responderle que sí, que quería despertar, cuelgo el teléfono y despierto del coma.

Algunos días después cuando pude hablar, pregunté si ella había estado junto a mí diciéndome esas cosas y me contestaron que no. Luego hablé con uno de los cirujanos y le pregunté que me había pasado y lo que me contó coincidió con lo que ella me había dicho en el sueño.

Durante los primeros tres días tenía tanta energía que no dormí sino hasta la tercera noche, estaba invadido de una profunda paz y alegría. Registraba el mundo desde lo profundo del pecho, que no era mi lugar habitual de estar en el mundo.

Sentía una profunda necesidad de agradecer, cosa que me salía naturalmente cada vez que alguien entraba a visitarme, sin proponérmelo me surgía un resumen de todo lo positivo que había compartido con esa persona y se lo agradecía.

Al cerrar los ojos veía un espacio profundo de color anaranjado, parecido a lo que vemos cuando con los párpados cerrados dirigimos la mirada hacia el sol. Cuando intentaba bucear en ese espacio, veía una infinidad de puntos de color anaranjado de diversas tonalidades.

No podía ver otra cosa, así que le pregunté a mi dios interior que era todo eso, a lo que me respondió que esos puntos eran las conexiones con todos los amigos que me estaban ayudando. Me invadió una profunda conmoción y no pude parar de llorar de agradecimiento por mucho tiempo, incluso hoy, cada vez que recuerdo esas experiencias, tengo que hacer un esfuerzo para frenar el llanto.

A principios de abril, y viendo que nadie me decía cuanto tiempo de internación me quedaba, una mañana en que los 6 o 7 médicos que me veían a diario estaban rodeando mi cama, les dije lo siguiente: “no sé qué planes tienen ustedes, pero a más tardar a mediados de abril me pienso ir de acá”, ellos rieron y no contestaron nada.

Calculaba que para estar en Punta de Vacas el 2 de mayo iba a necesitar al menos 15 días para aprender a caminar de nuevo, y no me podía permitir tardar más de eso. Finalmente ocurrió que unos días antes del plazo previsto me mandaron a mi casa, directo de la sala de cuidados intensivos y sin pasar por una sala común como es lo habitual.

Jamás en los veinticuatro años que llevo en lo nuestro tuve como en aquella oportunidad, el registro profundo emotivo y espiritual de que somos una comunidad espiritual muy fuerte, que realmente estamos conectados en el plano energético como si fuésemos un único ser, aún cuándo físicamente no nos conozcamos y/o vivamos en continentes diferentes.

Me queda de aquellos días un profundo sentimiento de agradecimiento a todos, un sentimiento que no puedo y que probablemente nunca podré expresarle a cada uno personalmente. Hoy estoy convencido que si bien los médicos operaron en lo físico, nuestra comunidad operó en lo espiritual para guiarlos y para guiarme en la recuperación.

Muchas cosas cambiaron en mi vida desde entonces y gracias a esa maravillosa experiencia. Antes, cuando me preguntaban dónde experimentaba al otro, respondía fenomenológicamente, puesto que al otro lo construía con la conciencia tomando la información que provenía de mis limitados sentidos.

Hoy se que si bien al otro lo construyo, puedo experimentarlo desde diferentes lugares de mi espacio de representació n. Y cuando al otro lo experimento desde lo profundo de mi corazón, lo que percibo es un dios que puja por expresarse en medio de una maraña de sistemas de tensiones que distraen a la conciencia de lo importante.

Sueño con el día en que nos experimentemos mutuamente como dioses, y que esa interexperiencia obre en el mundo.

De chicos se nos suele enseñar que tenemos que abrir nuestro corazón a dios, menuda sorpresa me llevé cuando descubrí que si bien era cierto que tenía que abrirle mi corazón a dios, no era para que entre en mí, sino para permitirle salir y expresarse en el mundo.

Cuán sabio aquello de “ama la realidad que construyes”, claro que para amarla hay que dejar que el amor se exprese.

Hoy tengo un registro de certeza de que los dioses están viniendo, no en tren o montados en un ovni como piensan algunos, están viniendo desde lo profundo de nuestros corazones, sólo tenemos que quedarnos en silencio y dejar que se expresen en el mundo que creamos a cada instante.

Creo que se avecina una época maravillosa, dónde nosotros tomaremos contacto y ellos se expresarán, cada uno con sus habilidades, y juntos haremos lo mejor por la obra común.

Un fuerte abrazo para todos, y mi eterno agradecimiento,

Sergio.

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