jueves, 14 de febrero de 2008

¿Quien eres Silo?


Hace tiempo que ha surgido en mí la pregunta de quien es Silo. Quisiera su respuesta. ¿Quien realmente eres?, lo pido desde una necesidad cada vez más profunda, que busca expresarse crecientemente.

Hago el ejercicio de preguntarme sobre quien es Silo y las respuestas variaron según fuera mi emplazamiento interno.

No hablaré de su trabajo literario que es tan amplio temáticamente y que tiene una notable coherencia que se plasma en toda su obra. (No sé cómo logra acceder a tanto conocimiento ni cómo hace para generar esa síntesis mundializadora).

Tampoco hablaré sobre sus aportes en lo político, social y cultural o de su sabio manejo de los procesos. Ni diré nada del rescate extraordinario de la Escuela y de las Disciplinas, ni de lo espiritual y trascendente plasmado en su libro La Mirada Interna y que hizo que mi corazón afirmara “esto es”, dando un sentido nuevo a mi vida.

Una de las cosas más difíciles de explicar, es la diferencia abismal que puede coexistir en su cuerpo. Puedo ver en él una expresión vacía cercana a lo insignificante, como si su cuerpo fuera un monigote y no hubiera nada ahí …y en el instante siguiente, algo muy especial transforma ese cuerpo en un instrumento conmovedor que roza lo divino y cuyo Huracán Sagrado azota con inusitada fuerza la fragilidad de mi mundo interno.

Silo es un espejo que puede reflejar lo mejor de mis aspiraciones y propósitos. Cuando lo sueño, mi corazón irradia un especial sentimiento de cálido afecto. Cuando lo miro, lo leo o lo escucho, devuelve mis sentimientos más profundos, permite reconocer en mí la existencia de la bondad y la compasión y esto sin duda ayuda a reorientar la búsqueda tantas veces olvidada.

También me sucede que en muchas ocasiones no siento nada en particular por él. Confieso que a veces me incomoda, incluso me puede llegar a alterar su inusitada claridad, su perseverancia, su propósito, su destino inmortal... que me desaloja de la comodidad de mis creencias.

Muchas veces cuando nuestras miradas se cruzan, conecto con una luminosa profundidad, que se expande si mi corazón lo permite. Conecto con una alegría serena, que me habla silenciosamente si mis ruidos se callan. Es también un resplandor que me conmueve, si mis ojos lo dejan entrar. Es sobre todo un expansivo cielo estrellado, repleto de imágenes trazadoras que llevan todas ellas, al infinito.

Negro, Mario, Maestro, Silo,… hay una lejana definición dada por el hombre que en 1969 dijo ser desconocedor de las leyes que rigen el Universo y la Historia. Hay otra definición aportada por Salvatore en el homenaje a Silo, treinta años después.

Quisiera saber directamente de ti, quién realmente eres, de dónde vienes, adonde vas. Intuyo que eres lo que queremos que seas y que también eres tú, independiente de lo que nosotros creamos… y que serás aquello que necesitemos realmente.

Al final he llegado a la conclusión de que no lo sabré por ti, sino que lo descubriré ahondando en la profundidad de mi propio corazón.

Andrés K., Enero 2008

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