No necesitamos entender cómo funciona el pedido para poder trabajar con él, del mismo modo en que no necesitamos saber cómo funciona internamente un televisor para ver televisión. Sólo tenemos que tener en claro algunas reglas básicas para que nuestros pedidos encuentren su mejor expresión y se realicen.
De eso trata este texto, de poner por escrito algunos descubrimientos propios de la meditación personal, y compartirlos con la mejor de las intenciones: "encontrar destinatarios a quienes les sirva leerlos, y mejor aún practicarlos". De ningún modo
afirmamos que las cosas sean del modo en que las expondremos, sólo expondremos nuestro parecer al respecto.
Prestemos atención a aquello que pedimos, en principio no nos interesa saber puntualmente qué es lo que cada uno pidió, es decir si pedimos un novio/a, un lingote de oro o la paz mundial. Amplío el concepto: no importa sólo en principio y a los efectos de trabajar el mecanismo del pedido. Luego, debemos comprender que si queremos vivir en coherencia, sí importará lo que pidamos.
Primero determinaremos cuál es el tema de interés y cómo formularemos el pedido. Por ejemplo, si me preocupa una enfermedad, puedo enfocar el pedido de diversas formas, de todas ellas, las que me interesan son las que hablan de lo que quiero pedir en positivo.
Para que quede más claro, puedo pedir curarme del problema de salud que tengo, por ej.: "no quiero estar enfermo de cáncer", o puedo pedir que crezca mi salud más y más cada día. En ambos casos estamos pidiendo lo mismo, a la primer forma de pedir la llamamos pedido en negativo, a la segunda la llamamos pedido en positivo.
¿Por qué esta distinción? El pedido en negativo enfoca nuestra conciencia en el problema, y el pedido en positivo enfoca la conciencia en la solución al problema. La primer opción consume muchos más recursos energéticos que la segunda, y no siempre resulta efectiva.
Pedir en positivo, atiende a la solución del problema puntual y al proceso que lo generó. Estamos acostumbrados a pedir por urgencia y no por importancia, ¿qué quiere decir esto? La mayoría de los pedidos que he observado se refieren a circunstancias puntuales y coyunturales, pedimos por una imagen congelada en el tiempo (por ej.: "que la cirugía de mi madre salga bien") y olvidamos por completo el proceso que atraviesa la persona en cuestión.
Me parece que lo mejor es tomar el tema del pedido, la imagen del problema por el que pedimos solución, como un síntoma de algo mayor, como el resultado indeseado de un proceso desequilibrante de la franja temática que sea (salud, afecto, economía, etc.).
Atentos a esto último, el pedido por la urgencia es lo mejor que podemos hacer aquí y ahora por la persona en cuestión, pero una vez que esa situación coyuntural se resuelva, queda pendiente el tema del proceso. Como le comentaba hace unos días a una amiga mensajera, aprendí del peor modo que uno no debe dejar las cosas en el pasado así como así.
En innumerables ocasiones he resistido la violencia en mí y fuera de mí, corté la cadena de transmisión de esa violencia hacia otros, pero me olvidé de algo importantísimo: enterrar el registro violento de una experiencia no es la forma saludable de hacer las cosas.
Si uno deja la reconciliación para más adelante, por razones de urgencia (o las que fueren), está depositando una bomba en un pozo, y tarde o temprano eso hará explosión, y el pozo suele estar en nuestras vísceras, que con el tiempo se enferman. A esto me refiero cuando hablo de proceso y de que la enfermedad (o lo que fuere: problemas afectivos, económicos, etc.) es un síntoma de algo mayor.
He constatado con mucho dolor que buenos amigos por los cuales hemos hecho pedidos, han sanado y acto seguido siguieron adelante como si nada, desatendiendo el proceso que los llevó a tal estado. Luego de un tiempo, dependiendo de la edad y de las condiciones físicas de la persona, el problema resurgió y con más fuerza que antes.
Es por esto que considero que no tenemos que dar por solucionado el tema con el pedido puntual del momento, creo que una vez lograda la mejoría buscada tendríamos que enfocarnos en adquirir una visión global del problema y de cómo se llegó a ese estado.
Esto último no siempre está al alcance de todos, a veces pedimos por familiares o amigos que no disponen de nuestras herramientas para el cambio profundo. En esos casos, podemos ayudarlos pidiendo que la fuerza "lave o limpie" todos los registros vinculados tema y que llevaron al desequilibro (pedido que también puede hacer el
destinatario). Visto el pedido como un proceso en sí mismo, el paso uno consiste en atender la urgencia y el paso dos en atender al proceso que desencadenó dicha urgencia.
Creo importante mencionar que el pedido, cuando es formulado a la ligera, puede volvérsenos en contra. Baste como ejemplo la leyenda del rey Midas, aquel que pidió que todo lo que tocase se convirtiera en oro… Valga para estos casos el siguiente consejo: "ten cuidado con lo que pidas con fuerza, porque te será concedido".
Nuestro equipo básico viene dotado de fábrica con un mecanismo de seguridad para estos casos, se llama unidad interna. La unidad interna consiste en pensar, sentir y actuar en una misma dirección (aunque no necesariamente en ese orden).
Sólo los pedidos formulados con unidad interna y con fuerza se cumplen relativamente rápido, pero si el pedido contraría el proceso en el que está inmerso el destinatario del mismo, habrá un posterior rebote en la medida en que no se trabaje también sobre el proceso.
La unidad interna no es un mecanismo de seguridad infalible, algunas personas logran burlarlo cuando piden con el intelecto, la emoción o la motricidad falseados. La unidad interna sólo nos hace más eficientes, pero si no es guiada por el sentido, nos conduce al
desequilibrio.
Es por lo anterior que damos un paso más allá de la unidad interna y hablamos de acción válida. Es decir que la mejor forma de saber que aquello que estamos pidiendo no se nos volverá en contra, es sopesar la imagen del pedido con el registro interno que nos produce, y si el registro es de paz, fuerza y alegría, pues adelante con él.
Muchas veces confundimos el registro de alivio propio de las imágenes opuestas a las que nos producen tensión, con el registro de acción válida. El registro de alivio es útil sólo si lo vemos como un comienzo en el proceso de aprender a elegir, pero tiene sus
riesgos, no nos impedirá equivocarnos. Además podríamos pasarnos la vida saltando entre un registro y su opuesto sin advertir que seguimos empantanados en el mundo de la contradicción. En cambio, el registro de acción válida es siempre indicador del mejor camino posible.
Otro asunto a tener en cuenta al formular un pedido es el destinatario, podemos pedir para nosotros mismos o para otros. Algunos opinan que pedir para uno es un acto de egoísmo que atenta contra nuestra evolución. Una visión extremadamente psicologista del tema afirmaría que los pedidos para "uno" son alimento para el ego, y que mientras haya ego no habrá silencio (o paz) en nuestro interior.
Creo que este último punto es de importancia, y se resuelve atendiendo a la diferencia entre necesidad y deseo. A mi parecer la necesidad es esencial y el deseo es ilusorio. Ambos son compensatorios, pero en el caso de la necesidad, luego de satisfacerla encontramos un registro de saciedad al compensar el desequilibrio que la generó, en cambio en el caso del deseo ese registro no aparece. Muchas veces la dificultad en establecer la diferencia reside en el hecho de que una misma imagen tiene componentes de necesidad y de deseo.
A la hora de pedir para uno, me parece que es necesario mantener un equilibrio entre el adentro y el afuera, aunque en lo personal estoy convencido de que tal distinción es inapropiada a la hora de describir el mundo que creamos a cada instante. Creo que ambos mundos son un sólo e indisoluble mundo, y por ende lo que ocurra en el llamado "mundo interno" también ocurrirá en el "mundo externo". Por ello me resulta saludable y coherente pensar que aquello que pido debe cumplir con la regla de oro "trata a los demás como te gustaría ser tratado", dicho de otro modo, debo formular mi pedido de modo que aquello que pido para mí se aplique a otros y que aquello que pido para otros se aplique a mí.
Para que quede más claro, volviendo al ejemplo del comienzo, si pido por mi salud estaré fortaleciendo la coherencia de mi mundo al pedir también por la salud de aquellos que me rodean. Y si pido por la salud de aquellos que me rodean, no debo olvidar que yo también soy parte de ese mundo y merecedor de salud.
Una de las cosas que descubrí al experimentar con imágenes, es que el espacio de representación tiene lo que los físicos llaman "estructura de campo". El concepto de estructura de campo convive con nosotros (al menos en occidente) desde hace más de
doscientos años, y se desarrolló por la necesidad de explicar la acción a distancia en fenómenos tales como el electromagnetismo y la gravedad.
¿Por qué menciono esto? Porque es muy cierto aquello de que "los pensamientos con fuerza producen y atraen acciones", pero nunca queda en claro el cómo, y aunque a los efectos prácticos no sea importante, me pareció interesante mencionar que a mi parecer, el doble se mueve por la estructura de campo del espacio de representación realizando las conexiones energéticas tendientes al cumplimiento del pedido.
Ahora bien, esto de pedir no es sólo una cuestión del plano energético, a la hora de pensar en construir el mundo que soñamos, debemos tener muy en cuenta que la conciencia se expresa en el mundo a través de nuestros actos, y que nuestros actos se relacionarán con los actos de otros soñadores, que aparecerán en nuestras vidas por
el sólo hecho de compartir con fuerza un mismo sueño, y no aparecerán por arte de magia sino (en mi opinión) guiados por nuestros dobles.
Nuestras imágenes producen y atraen acciones conformando un circuito de refuerzo creciente. Si nuestro sueño conlleva nuestras mejores aspiraciones para nosotros y los demás, nos relacionaremos con personas que coincidan en esas aspiraciones, pero si nuestros sueños se parecen más a las pesadillas que nos despiertan por la noche, nos
relacionaremos con quienes compartan esas pesadillas.
Aquí me gustaría hacer un alto para recomendar un ejercicio de auto observación. No nos pasamos el día haciendo pedidos con fuerza, pero sí nos pasamos el día ocupando nuestra mente en pensamientos, y los pensamientos reiterados a la larga también producen y atraen acciones.
Sería interesante que a intervalos regulares durante el transcurso del día, nos sorprendiéramos en nuestros propios pensamientos y pudiésemos tomar nota de ellos, de modo de ir advirtiendo que es lo que estamos construyendo en nuestras vidas. En mi caso me ayudaba un reloj que hacía sonar un bip cada 5 o 10 minutos sin que yo tuviera
que distraerme en su funcionamiento (el tiempo lo pone cada uno pudiendo comenzar con lapsos de varias horas y no de minutos).
Al final del día podemos releer nuestras notas y respondernos estas preguntas: ¿Estoy pensando en positivo o en negativo? ¿Cómo se aplica a mí aquello que pienso de los demás? ¿Cómo se aplica a los demás aquello que pienso de mí? ¿Cómo se aplica a mí aquello que quiero para los demás? ¿Cómo se aplica a los demás aquello que quiero para mí? ¿Hay concordancia entre lo que pienso y quiero cuando se trata de otros y cuando se trata de mí?
Repasemos cada caso.
¿Estoy pensando en positivo o en negativo? Si se tratara de éste último caso, ¿puedo reformular aquello pensado de modo positivo? Si puedo sigo adelante, pero si no ¿qué pasa si me relajo y pruebo de nuevo? Relajarme me permite ver otras opciones que estando tenso no había advertido, así que lo más probable es que si estoy bien relajado pueda reformular mi pensamiento en positivo sin dificultades.
Las preguntas que siguen van encadenadas unas a otras: ¿Cómo se aplica a mí aquello que pienso de los demás? ¿Cómo se aplica a los demás aquello que pienso de mí? ¿Cómo se aplica a mí aquello que quiero para los demás? ¿Cómo se aplica a los demás aquello que quiero para mí? ¿Hay concordancia entre lo que pienso y quiero cuando se trata de otros y cuando se trata de mí? Si no hay concordancia, es decir que aquello que pienso y quiero es diferente si se trata de "mí o para mí" que si se trata de "otros o para
otros", aquí tengo un problema de contradicción porque los otros forman parte de mi mundo (y yo formo parte del de ellos). De nuevo, el estar relajado me ayudará a esclarecer el asunto.
A veces puede ocurrir que no tenemos en claro aquello que queremos, ya sea para nosotros o para los demás. A veces ocurre que vemos a alguien que necesita ayuda pero no sabemos de qué modo brindársela, o la necesitamos nosotros mismos, pero no sabemos pedirla. En estos casos uno simplemente puede reconocer las propias limitaciones y pedir "lo mejor", sin saber de qué se trata.
A veces creemos tener en claro qué hacer o pedir pero no necesariamente eso es lo mejor para el otro o para nosotros, es mejor no confiarse ni pensar que uno se las sabe todas. A veces no tenemos que intervenir, o tenemos que hacerlo pero no del modo en
que pensamos. Aquí nos ayudarán nuevamente las preguntas del ejercicio anterior. Pero si se nos dificulta aclarar el tema, pedir "lo mejor" suele ser la opción válida.
Al trabajar con el pedido es común caer en un fenómeno mental conocido como "conciencia mágica". La conciencia mágica es tal porque no contempla la intervención humana en el logro de aquello que se pide o piensa.
La conciencia se expresa en el mundo a través de los actos de los seres humanos, por lo tanto responde a la forma de "conciencia mágica" todo aquello que pidamos que no vincule a unos seres humanos con otros para su cometido.
Creo que el vínculo más fuerte y duradero entre nosotros es el que se da en el plano energético-espiritual, un mundo más allá de la conciencia (por ahora) dónde la intencionalidad nos hermana y el amor de la creación nos cobija.
Ese plano se expresa en este a través de nosotros y de nuestros actos, pasando por el tamiz de nuestro mundo interno. Nuestras tensiones nos limitan encadenando a la conciencia a este espacio y a este tiempo, y a menudo nos impiden cumplir lo acordado en aquel plano con los compañeros de Obra.
Un fuerte abrazo,
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