Amigos, quisieramos compartir este testimonio desde Tucumán.
Un fuerte abrazo para todos
Alejandro Copley
Lidia es una amiga que ha estado cerca nuestro durante varios años. Ella tiene 78 años y ultimamente estaba sufriendo de estados depresivos. Aplicando nuestras ceremonias se trataba de mantener, hasta que le sucedio esto:
Eran días corrientes, cotidianos. Por las noches hacía mis lecturas y ceremonias.
Mis mañanas eran generalmente de poner imágenes para cambiar el paisaje gris de mi depresión.
Ese día debía ir al centro para hacer trámites.
Estando en el colectivo, sentí como si viera todo por primera vez. Fue como un chorro de luz tangible, espeso, que me inundaba. Estaba en esa cosa tan agradable, casi tocándola. Sentí que amaba al mundo y a todas las personas. Que perdonaba a todos, y, a todos los traía a compartir esa luz y esa paz.
Sentí la dimensión del tiempo (de mi tiempo). Era infinito, apacible, sin apuro.
Yo era inmensa, sin límites. Amé a Dios y a mis guías, a mis semejantes.
Conocí la sensación de no tener contradicciones.
A todo, TODO, lo comprendía, y por ello amaba todo.
La sensación duró un rato.
No fue un deslumbramiento, fue conocimiento.
De a poco se fue diluyendo, dejándome nostálgica. Me sentí plena, compartiendo la luz con todo y con todos.
Lidia Medina, 13/06/2008
domingo, 29 de junio de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario